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El proceso de la emigración irlandesa a Cuba –poco conocido y estudiado– desde el siglo XVI y hasta el XX, ha sido un fenómeno contante, aunque no representativo desde el punto de vista numérico. Su impacto en la sociedad y el pensamiento antillano decimonónico va más allá de meros números: sirvió para cristalizar la insipiente nacionalidad y nación cubanas, tomando elementos foráneos y asimilándolos –entre ellos irlandeses– para que sirviesen de puntal diferenciador contra la metrópoli española. Personalidades como José Agustín Caballero, José de la Luz y Caballero, el Padre Félix Varela Morales –máxima figura de esta conexión– José Antonio Saco, Joaquín Lorenzo Luaces, José Martí o Alfredo Zayas y Alfonso, estuvieron influenciados por autores o corrientes filosóficas, políticas o culturales de esta nación europea.
Paradójicamente, el elemento físico de la emigración irlandesa a Cuba no fue trascendente como las comunidades española y africana en la conformación de la "cubanidad", pero imprescindible en el desarrollo del pensamiento revolucionario y anticolonial. Sentimientos como la rebeldía, libertad o patria (en su versión nacional) fueron incorporados a nuestra nacionalidad, en parte, por los múltiples contactos con individuos de esta nacionalidad. Las introducción de ideas librecambistas promulgadas por Inglaterra (que en ese momento sojuzgaba a Irlanda) o E.E.U.U. con la intención de abrir el encerrado mercado doméstico al mundo capitalista se adhirieron con mucha fuerza en la Isla, y abrió también el camino a varias tendencias políticas. Pero lo más importante: contribuyó a la emancipación nacional por la vía independista.