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Bajo el impulso que ha llevado a los estudios recientes sobre el modernismo latinoamericano a reevaluar el sentido de los flujos culturales desde las capitales de la modernidad hacia sus periferias –desestimando categorías como las de “influencia”, “exotismo” y “torremarfilismo”, estereotipos que por décadas nublaron la comprensión crítica de esta estética-, el presente trabajo se propone indagar una práctica persistente en los principales escritores del movimiento, aunque apenas atendida por la bibliografía especializada. Se trata de la crítica pictórica modernista, género que abordamos a partir del análisis de un novedoso corpus: las siete crónicas que Rubén Darío publica en el diario La Prensa a propósito de la tercera exposición de arte del Ateneo de Buenos Aires (1895), serie descubierta en 2001 y reeditada parcialmente en 2013. Nuestra hipótesis propone que los raros creadores de imágenes retratados por Darío a fines de 1895 funcionan como contrapunto visual de las semblanzas de escritores excéntricos que un año después integran el fundamental volumen de Los raros (1896). Sostenemos entonces que en este temprano “salón” el poeta faro del modernismo ensaya y consolida la apuesta transculturadora de la tradición universal –ahora aplicada a los Salones (1845-1859) de Charles Baudelaire y al monumental proyecto de John Ruskin en Los pintores modernos (1843-1860)- para legitimar desde otro subgénero de la crónica modernista.