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En el 2012, varios columnistas de opinión en Colombia catalogaron a Memoria por correspondencia de Emma Reyes como “el libro del año en Colombia”, así como le dieron otros apelativos literarios y políticos. Se trataba de una compilación de cartas que Emma Reyes, una pintora nacida en Colombia en 1919 y radicada en Francia desde 1945 hasta su muerte en el 2003, le escribió al intelectual colombiano Germán Arciniegas, durante treinta años, contándole los recuerdos de su infancia como protegida de una amante de políticos, y luego como niña abandonada en un convento de Bogotá. ¿Cuál es la operación discursiva de Emma Reyes que le merece estos apelativos literarios y políticos, mientras su enunciación desafía las convenciones de estos campos, así como sus presupuestos de clase y género? ¿Cuáles podrían ser, por otro lado, las necesidades literarias y políticas de la sociedad colombiana que las memorias de Emma Reyes actualizan? En este ensayo intento dar respuesta a estas preguntas, y propongo que Emma Reyes es en realidad un agenciamiento colectivo de enunciación (Deleuze) que expresa un disenso (Ranciere) de la historia oficial y de la política colombiana, así como de la ficción y la novela como expresiones privilegiadas de lo literario.