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El concepto de “genocidio“ se creó frente a un crimen para el cual no existía una palabra que lo nombrara: El exterminio sistemático de los judíos europeos por el nacionalsocialismo no tenía precedente ni comparación, y no encontró ninguna denominación adecuada en ningún término jurídico o ético existente hasta su momento. Este concepto, que claramente remite al ámbito jurídico, fue desarollado por el jurista polaco Raphael Lemkin, y en su concepción original fue pensado para posibilitar la penalización y la prevención de crímenes frente a cuales la legislación internacional se veía atada de las manos. Hoy en día la palabra genocidio, junto con su equivalente más coloquial, el término del holocausto, anda de boca en boca en el mundo y en América Latina. Se ha vuelto una especie de referencia a un mal absoluto, y se usa en contextos diversos: en el ámbito político, en el de activismo de derechos humanos e incluso en el movimiento de protección de los animales
Aunque en muchos casos el uso del concepto se ejerce de buena fe y con la intención de evitar sufrimiento, en el conflicto árabe-israelí están involucradas otro tipo de motivaciones. En México, por ejemplo, circula explícitamente, en el ámbito de la representación, en caricaturas o fotografías, tanto en las redes sociales como en periódicos y noticieros serios, la acusación del Estado de Israel como genocida, comparable en sus actos e intenciones con el Estado nazi alemán. La presente contribución se propone analizar el discurso mediático mexicano sobre el conflicto en medio-oriente, a partir de su uso de los términos de genocidio y holocausto e intentará una interpretación de los elementos ideológicos con los cuales está imbricado este discurso mediático
La inmensa desproporción de los sucesos comparados y el estereotipamiento de los dos grupos involucrados en el conflicto indica una percepción restringida de la realidad típica de mecanismos sicosociales de negación y represión. La relativización de la Shoah, que está implícita en ese tipo de usos, indica una tensión entre actitudes antisemitas latentes cuya expresión abierta se ha vuelto incorrecta en el ámbito político internacional.