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En su ensayo “Pasarela del alcohol” publicado en el año 2000 María Moreno reflexiona sobre el alcoholismo ajeno y el propio y, en este contexto, cita a su analista quien le dice que ella, producto de su adicción, no está “tan mal puesto que escrib[e]”. A continuación, agrega: “¿Y si escribir no fuera lo que me sostiene, sino el verdugo líquido que difiere el momento de tocar el punto mortal, prolongando la agonía que es visualizada como ‘salud’ puesto que aún escribo?”. En este sentido, se pone en duda que su escritura pueda ser entendida como seña de un estado de bienestar y, así, la cuestiona como herramienta terapéutica o de sanación. En cambio, en otro momento, la cronista invita a sus lectoras a que escriban “[s]in motivo y sin remedio, como cuando existía el Alma” (“El arte de escribir no es un arte”), apelando a un añorado estado emocional. De este modo, en esta ponencia se propone un análisis de la escritura de Moreno vinculada a sentimientos, emociones, consejos y a la crítica feminista. A través del comentario directo sobre los celos, el enamoramiento, y las expresiones o señas de emotividad que permean tanto su escritura como los sujetos que cobran protagonismo en sus crónicas, Moreno dialoga y tensiona las concepciones del amor romántico y el “disciplinamiento de las emociones” (Illouz), en el marco de las sociedades capitalistas, propuesto por Eva Illouz en sus libros La salvación del alma moderna (2008) y Por qué duele el amor (2011).