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El objetivo de este trabajo es analizar redes de producción y circulación de performances contraculturales que emplean la precariedad como estética. Encuadrados dentro de prácticas decoloniales en América Latina, los ejemplos que analiza esta ponencia tienen como eje la precariedad, una forma de consciencia oposicional y una forma alternativa de producción de conocimiento transnacional y translocal. Los ejes teóricos de este ensayo son tres. En primer lugar, las políticas feministas de la translocalidad como las denomina Sonia Alvarez y el grupo de las académicas y militantes “translocas”. Las dinámicas translocales competen a distintas formas de migración y relocalización de archivos culturales y saberes. El segundo eje es el de los Performance Studies que define el objeto estético y la agencia cultural como procesos complejos, abiertos y en constante conformación. Finalmente, el trabajo está imbuido de las redefiniciones que, dentro de la academia latinoamericana, han recibido las teorías de la postcolonialidad. De acuerdo con esta línea teórica, el trauma abierto por el colonialismo en América Latina no pertenece al pasado, sino a una temporalidad omnipresente que permea todos los niveles de la subjetividad social.
Se analizan dos casos de esta estética de lo precario que emplean el hilado como una forma de migración y relocalización de archivos culturales. La precariedad se estudia aquí como un ejemplo en que el Cono Sur es una zona cultural fronteriza, móvil y fluctuante. La idea de performance y agencia cultural es central en el feminismo comunitario indígena, colectivo creado en Bolivia por Julieta paredes. El término “hilando fino” proviene de este colectivo: una nueva manera de concebir las subjetividades sociales como complejas y moldeadas por distintos modos de dominación (capitalismo, patriarcado, racismo, imperialismo).
En segundo lugar, considero las performances poéticas de Cecilia Vicuña quien también emplea el hilado como una metáfora de la producción estética. El poema es como un ovillo de lana sin hilar, un espacio de tensión en constante fluctuación, un lenguaje plurilingüe del que sólo oímos una versión—la del presente—pero que nos desafía con su trama de infinitas posibilidades.