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Cuando en 2012 se estrenó el documental El paciente interno, de Alejandro Solar Luna, el público pudo atestiguar una serie de prácticas utilizadas por el poder para atentar contra la identidad de Carlos Francisco Castañeda de la Fuente, quien en 1970 intentó asesinar al presidente de México Gustavo Díaz Ordaz. Estas prácticas incluyeron la privación ilegal de la libertad, la tortura y la internación forzada en un hospital para enfermos mentales durante 23 años, en donde el atacante fue sujeto a negligencia administrativa y permaneció sin un expediente jurídico o médico que justificara su confinamiento. Como Castañeda de la Fuente, otros magnicidas en potencia han sido sometidos a un proceso de invisibilización que a menudo incluye el confinamiento justificado en procedimientos médicos, desde Arnulfo Arroyo y su atentado fallido contra Porfirio Díaz hasta el arresto de Dimas Díaz Ramos por planear un ataque contra Felipe Calderón. En este trabajo busco hacer una lectura, desde el punto de vista de la biopolítica, de las prácticas del poder (y de su representación en producciones culturales) para marginalizar, neutralizar y desaparecer a individuos que en diversos momentos de la historia han personificado las amenazas más serias que acosan a los distintos regímenes.