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Desde que el Ejército Popular Revolucionario (EPR) salió a la luz pública entre actos de violencia armada en 1996, acusaciones de asociación con la supuesta “guerrilla mala” le han valido al Estado mexicano como pretexto para reprimir comunidades indígenas y movimientos sociales, tal como sucedió en la región Loxicha del estado de Oaxaca. Dado que el gobierno mexicano denominó al EPR como una organización terrorista con la cual no se podía dialogar ni negociar, el estar asociado con estas tres siglas se volvió un grave peligro no sólo para militantes en esta organización sino para toda clase de sujetos considerados subversivos por el Estado. Desde los años noventa hasta la actualidad, verse etiquetado o etiquetada como eperrista ha significado estar expuestos a un estado de excepción continuo, en la forma de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, y encarcelamientos multitudinarios. Esta ponencia examina algunas de las formas en que los presos políticos de San Agustín Loxicha—“los presos loxicha”—siete de los cuales siguen en prisión, se han confrontado con la acusación de pertenecer o ayudar al EPR en el estado de Oaxaca. El estigma de verse asociados con ese movimiento guerrillero tornó eriza la relación de los presos no sólo con el Estado, sino con gran parte de la izquierda política mexicana. Mi presentación narra algunas de las diversas estrategias y narrativas desarrolladas por los presos y el movimiento por su libertad, por obtener su libertad de la prisión, del estigma y del silencio, al regenerarse como sujetos políticos.