Search
Program Calendar
Browse By Day
Browse By Time
Browse By Person
Browse By Room
Browse By Track
Browse By Session Type
Search Tips
Virtual Exhibit Hall
Personal Schedule
Sign In
Desde hace ya más de una década hemos venido realizando diversas investigaciones para comprender desde otro lugar el sentido de ser y hacer policía en México. En este transcurrir hemos escuchado y recogido muchos relatos policiales en distintas partes del país y con en muchos de ellos nos ha aparecido una idea reiterativa: el destino de todo policía en México es la cárcel o el cementerio. Un destino trágico, sin lugar a dudas, y al mismo tiempo un destino imaginado que iluminaba con crudeza la dimensión estructural -más que circunstancial- del estigma que constituye ser policía en México: abandono; pobres posibilidades de desarrollo personal; brutalidad; peligrosidad; deshonestidad; amoralidad; complicidad con jefes, delincuentes, políticos; impunidad. Y al final, la muerte física y social. Es decir, ese estigma muestra el complejo conjunto de posibilidades plausibles ancladas en el presente de todo policía. De ahí que esta ponencia tenga como principal objetivo exponer un conjunto de reflexiones derrivadas de un importante ejercicio de recuperación de testimonios de ex policías presos por diversos delitos (secuestro, homicidio, narcotráfico) y que en el recuento de sus días y sus años en el mundo policial, nos han permitido comprender cómo cada uno explica el proceso en el que fue modulando su propio sentido personal, pero al tiempo cómo todos los entrevistados (independientemente de la policía de adscripción) comparten un mismo régimen de percepción. Esto es, los expolicías internos, por distintas vías narrativas, apelan a una especie de progresión interna y externa que converge justo en su decisión de trabajar para sí mismos siendo policías o, tras renunciar a la institución policial, trabajando con policías y delincuentes al mismo tiempo. Ahí se pudo observa no sólo esa progresión interna y externa de cada uno de los personajes, que le ponen nombre a su propia experiencia, sino también la manera en que dibujan sin cortapisas ese rasgo esencial de las instituciones policiales en México: las porosidades de orden más profundo y subterráneo.