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La relación entre China y el naciente maoísmo latinoamericano atravesó por diferentes etapas. Inicialmente se impulsó el acercamiento a los intelectuales de la región promoviendo los viajes a eventos importantes en China, como la conmemoración de la proclamación de la República Popular o encuentros internacionales organizados por el Partido Comunista. Posteriormente se estimuló el viaje de militantes que al retornar a Latinoamérica participaron en la creación de partidos maoístas, generalmente a partir de congresos de “rectificación” de los viejos Partido Comunistas. Sin embargo, la relación entre los maoístas y China no fue fácil debido a una serie de factores entre los cual hay que mencionar: la existencia de los partidos comunistas, muchos de los cuales tenían cerca de 30 años de existencia, y que gozaban de reconocimiento a nivel regional e internacional; la revolución cubana impulsó decididamente el foquismo, que constituía un modelo político en abierta oposición a la experiencia china; Cuba impulsó la creación de diverso tipo de aparatos en los que la orientación de la política internacional correspondía a la URSS; con la institucionalización del foquismo y el sometimiento de Cuba a la URSS se plantearon contradicciones entre Cuba y China y entre Cuba y los partidos maoístas, concretamente estos últimos fueron marginados de encuentros y reuniones; finalmente la disputa chino soviética no era muy bien entendida por sectores democráticos, para quienes resultaban incomprensibles muchos hechos. Además de estas dificultades los maoístas debieron soportar la represión y la persecución por parte de los estados y sus fuerzas armadas.