Search
Program Calendar
Browse By Day
Browse By Time
Browse By Person
Browse By Room
Browse By Track
Browse By Session Type
Search Tips
Virtual Exhibit Hall
Personal Schedule
Sign In
Los trabajos de la memoria, urgentes en la literatura de post-dictadura, apuntan a eso que Theodor Adorno llama en Crítica de la Cultura y Sociedad II (1977) un giro hacia el sujeto, al reforzamiento de su conciencia y de su yo. Se realizan, por tanto, en base a experiencias personales (amorosas o familiares) más allá de la vivencia histórica colectiva. Tal es el tratamiento intrahistórico de la realidad, acrecentado por el fuerte componente autoficcional de las novelas analizadas aquí y que constituyen una muestra representativa de la nueva narrativa chilena correspondiente a una generación en formación (los nacidos en los 80): Camanchaca de Diego Zúñiga (La Calabaza del Diablo, 2007) y El hombre sin acción de Francisco Díaz Klassen (Forja, 2011). Para profundizar en este carácter autoficcional, establecemos la comparación entre estas dos obras y otras dos que corresponden a la generación de los 70 inscritas también en la producción actual, pero con un giro marcadamente más autobiográfico: Mis documentos de Alejandro Zambra (Anagrama, 2013) y El sur de Daniel Villalobos (Libros del Laurel, 2014). Mientras lo autobiográfico está apegado a la realidad y a la coherencia del género, lo autoficcional surge a partir de una necesidad de configurar el yo a través de la narración, aceptando al modo de Paul de Man que ello también pudiera desfigurarlo y convertirlo en otra cosa. Otra dicotomía que plantea la comparación sugiere un continuum que va desde un extremo narcisista a otro que apunta a “narrativas común de identidad” representativas de un periodo.