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En las últimas décadas El Salvador ha venido experimentado transformaciones estructurales importantes. Dichos cambios han sido favorecidos tanto por los dinamismos propios de la globalización económica como por la particular evolución de la estructura sociopolítica del país. Estas transformaciones, en una paradoja que solo es aparente, han conllevado al mismo tiempo la preservación y hasta la cronificación de fenómenos como la desigualdad y, sobre todo, de la violencia. La violencia que experimenta El Salvador en la actualidad es tal que el país se posiciona como uno de los más peligrosos del planeta, mientras el fenómeno se ve caracterizado por rasgos peculiares como su gran magnitud, un carácter excesivo y brutal y por la impredictibilidad de su irrupción en la cotidianeidad. Es especialmente este último rasgo el que conduce a analizar la violencia que asola a El Salvador desde el prisma del papel que juega la existencia de órdenes normativos emergentes, esto es, el carácter anómico de la violencia. La anomia es un fenómeno histórico en El Salvador pero su relevancia es apenas reconocida en la actualidad. No obstante, desde este punto de vista cobran sentido la consideración de factores asociados a la violencia menos usuales como las tendencias particularistas, la transgresión generalizada y hasta la dificultad social para dar sentido a la cotidianeidad. Siguiendo esta idea fuerza se discuten implicaciones sociológicas y psicosociales de la realidad salvadoreña entendida como una sociedad anómica.