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En 1841, el reconocido historiador estadounidense, William H. Prescott, le encargó al Primer Ministro de España en México una calavera azteca para escribir su Historia de la conquista de México (1843). Prescott, para entonces casi ciego, nunca viajaría a México; sin embargo, pese a estas limitaciones, su obra se consideraría una de las mejores visualizaciones de la conquista española del siglo diecinueve. A través de una exhaustiva documentación y una extraordinaria creatividad narrativa, Prescott reconstruye la conquista enfocándose primero en la cultura azteca para luego glorificar el triunfo de Hernán Cortés. La calavera que el historiador tanto ansiaba tocar le serviría para reconstruir el horror que sintieron los españoles ante el templo que contenía miles de calaveras sangrientas en sus muros. Para Prescott la barbarie de la otredad estaba inscrita en esos restos humanos.
Rastreando el viaje de las dos calaveras que finalmente recibió desde Mexico hasta Boston, analizo el modo en que un objeto se convierte en la materialización de una cultura. En el proceso pongo de manifiesto como, a partir del viaje, un objeto adquiere un valor inmanente que se vuelve constitutivo de un discurso historiográfico. En este sentido, la historia de los objetos y sus transformaciones demuestra como los objetos se vuelven inseparables del discurso que los nombra.