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¿Pueden la memoria y la ficción representar adecuadamente la violencia extrema o es ésta irrepresentable? ¿Lo que hace válida una narración sobre la violencia extrema es su contenido o es quién la escribe? Es decir, ¿si es o no es un testigo? ¿Cuál es la relación entre memoria, ficción y verdad en los escritores latinoamericanos que han escrito sobre la violencia extrema? Existe una exigencia de que todo testimonio sea auténtico y, por tanto, de que solo aquellos que hayan sobrevivido la violencia extrema pueden escribir sobre ella. Este tipo de señalamiento tiene más que ver con el reclamo moral de que aquel que no haya vivido esta experiencia no debe escribir sobre ella, que con el problema de si se puede escribir, con efectividad, literatura sobre esta experiencia. Esto es aún más importante cuando estamos ante el reto de representar lo que para muchos es una experiencia “irrepresentable”, como lo fue la violencia extrema de las dictaduras militares en Chile y Argentina, por ejemplo. Ante ello, se ha propuesto la necesidad de elaborar una estética que pueda enriquecer nuestro entendimiento de una realidad mucho más compleja de lo que sugieren los acercamientos “objetivistas” que reducen nuestra comprensión a lo verificable. Esto es, una estrategia representacional que nos convoca a imaginar lo “inimaginable” para producir una comprensión más compleja de la realidad. Esto conlleva levantar el estado de sitio estético que ha rodeado por tanto tiempo a la literatura testimonial sobre la violencia extrema. Este estado de sitio estético responde a las exigencias de autenticidad, y de producir una verdad fáctica que se le impone a las narrativas sobre la experiencia de la violencia extrema.