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Los procesos regionales o subregionales de integración económica como el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR), la Área de libre comercio de las Américas (ALCA), el Mercado Común del Caribe (CARICOM) o la Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe (ALBA), a semejanza de los procesos de integración europea, han contribuido a fomentar el movimiento de mercancías, capitales y personas. En el ámbito de los flujos migratorios, la integración regional no ha llegado tan lejos como el modelo europeo, pero sí ha conllevado cambios sustanciales en la concepción de fronteras como instituciones impermeables y de exclusiva competencia de los Estados. En los últimos años los Estados impulsan las migraciones regionales a través de los acuerdos que facilitan la movilidad de personas, principalmente trabajadores, entre países de la misma región. Así, en el marco del MERCOSUR, el Acuerdo sobre residencia para nacionales de los Estados parte del Mercosur, Bolivia y Chile (2002) introdujo una serie de reformas migratorias en países del cono sur con la finalidad de facilitar el movimiento de personas como una de las partes estratégicas sub-regionales de integración (Pérez Vichichi, 2005). Es cierto que los procesos de integración son esencialmente económicos, pero sus implicaciones sobre la movilidad de personas son cada vez mas evidente, siendo difícil desligar el impacto que la integración económica tiene sobre la circulación regional de trabajadores. Bajo este contexto la ponencia tiene como objetivo analizar el alcance de las políticas migratorias en el marco de los acuerdos de integración regional, en un momento en que buena parte de los países latinoamericanos plantean importantes reformas a su legislación migratoria. La movilidad migratoria de alcance regional plantea importantes retos tanto para los Estados latinoamericanos, como para las instituciones de integración regional, y en este nuevo marco, los acuerdos regionales marcarán sin duda la agenda política, así como la tendencia sobre el futuro de los flujos migratorios.