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En 2009 se aprueba la nueva Constitución con un 67% de aprobación dada mediante un referéndum; sin embargo, en ese mismo proceso se gesta la contra reforma a esta constitución. En la Vicepresidencia se negocia más de 100 de los 413 artículos con los grupos de poder que históricamente había gobernado el país. Y posterior a ello se aplica las políticas extractivitas y neocoloniales en contra de los principios de la Constitución. Esta es la tragedia.
Sus logros son que hoy la sociedad en sus diferentes estamentos, particularmente los indígenas y sectores populares, tienen una postura clara de una histórica apropiación del sentido de destino del país que siempre los fue ajeno. Y ello discurre por dos vías. Una, como esperanza de que habrá otro momento histórico y, otra, una gran frustración. Y ambas se resumen en la autoafirmación: “al país ya no nos pueden robar”. Así hoy transitamos entre un Estado plurinacional ideal y una realidad sociológica de frustración más o menos resumida en la frase: “el país no es totalmente nuestro”. Pues éste sigue siendo un Estado extractivista, productor de materia prima, y neocolonial con varios pueblos indígenas de los Andes y la Amazonia. Esta la importancia del tema aquí planteado.