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Las políticas de ajuste estructural que se han aplicado en México en las últimas décadas han tenido devastadores efectos en el campo mexicano. Bajo el estado desarrollista los campesinos tenían cabida en el proyecto de nacional como productores de alimentos o mano de obra de reserva. En la actualidad, estas poblaciones rurales parecen no tener cabida en un contexto precariedad, flexibilización laboral, crisis nacional e internacional.
En medio de este panorama, el estado mexicano ha apostado por combatir la creciente pobreza a través del programa Oportunidades, anteriormente Progresa. El programa, avalado por el Banco Mundial, focaliza los apoyos en los pobres extremos (únicos “merecedores”) y otorga apoyos vía transferencias de dinero que no distorsionen el mercado. Así mismo, presume tener un “sesgo de género” al otorgar los recursos a las madres titulares y, proveer becas escolares ligeramente superiores a las niñas.
El objetivo de esta ponencia es analizar, a través de un estudio etnográfico en la localidad rural de Garcias, Puebla, la operación del programa, en medio de un contexto de mayor exclusión y precarización; además se busca contribuir en la discusión sobre los programas sociales neoliberales en los entornos rurales en los países en vía de desarrollo.
A través del presente trabajo se ponen en discusión las siguientes preguntas ¿Ha contribuido Oportunidades en revertir la pobreza y la exclusión social? O por el contrario, ¿es posible afirmar que el programa Oportunidades acentúa la exclusión social? ¿Contribuye Oportunidades en mejorar las relaciones de género o acentúa las desigualdades existentes?