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La modernidad como modelo civilizatorio opera mediante la producción de las subjetividades. Para ello el poder busca intervenir los cuerpos, moldeándolos hacia las identidades que se quieren privilegiar como modelos para las poblaciones. Así, el cuerpo puede entenderse como un campo en pugna por las distintas fuerzas que producen al sujeto en contextos de espacio-tiempos particulares, en este caso Colombia en Latinoamérica. A partir de la investigación “Estado del arte de los estudios del cuerpo y la subjetividad en Colombia” se identifican por lo menos dos construcciones corporales que se resisten a la cultura somática de la modernidad en su versión capitalista. Se trata del cuerpo mestizo y del cuerpo barroco, que tienen en común su oposición a las prescripciones que las culturas eurocéntricas han tratado de imponerles. Por ejemplo, son cuerpos configurados en estrecho vínculo con cosmogonías de las culturas indígenas y de los sectores populares, que se contradicen con la cultura corporal anatómica y funcional que propone Occidente. También son cuerpos cuya experiencia se distancia de las lógicas disciplinares e higienistas que han buscado imponer los modelos de Estado-nación en su afán por volverse tan modernos como los países “desarrollados”. Así, de maneras múltiples y creativas el cuerpo despliega una potencia de re-creación de la existencia, articulada a subjetividades que sobreviven al capitalismo en sus versiones de acumulación y de consumo.