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Durante los dos últimos años los chihuahuenses hemos observado una aparente disminución de la violencia generada por la máquina narco (Reguillo) esta aparente calma se perturba intermitentemente por las noticias oficiales de la narcoviolencia o por diferentes vías de información que se transmiten socialmente y de manera no oficial. Estas perturbaciones violentas nos siguen recordando el carácter fantasmal y los espacios de fisura que la narcomáquina ha generado, genera y puede generar. Nuestra propuesta continúa el análisis del espacio fronterizo en el norte de México desde el fenómeno de la violencia y sus distintas conceptualizaciones para contribuir a los efectos de una “contramáquina” tal como define Rossana Reguillo: “…al conjunto de dispositivos frágiles, intermitentes, expresivos y fragmentados, que la sociedad despliega para resistir, visibilizar o sustraer poder a la narcomáquina”. Nuestro análisis se concentra en la novela: Música para perros (2013) de Alejandro Páez Varela la cual representa una Ciudad Juárez donde la violencia hacia el otro se entiende como la intimidación entre sujetos que comparten la frontera de ambos lados, entre conciudadanos, entre hombres y mujeres. La paradoja es que esta violencia sistematizada permite dilucidar mediante construcciones metafóricas o lenguaje figurado, la historia de la frontera. Ciudad Juárez se resignifica imaginariamente como un lugar distópico y apocalíptico. Símbolo del abandono y la impunidad, pero también de la esperanza con la que sus habitantes enfrentan día con día las duras condiciones de vida.
Marco Vladimir Guerrero Heredia, Universidad Autónoma de Chihuahua (México) - Pontificia Universidad Católica de Chile
Mónica Torres Torija, Universidad Autónoma De Chihuahua