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“Villa General Belgrano es un pueblo nazi” – con este veredicto se ha intentado en las últimas décadas desacreditar públicamente este lugar turístico de aproximadamente 7000 habitantes, en el corazón de la provincia de Córdoba. Sin embargo, la imagen que Villa General Belgrano muestra de sí misma para promocionarse turísticamente, es muy diferente. Muy lejos de parecer una reliquia de la época nazi, se muestra como un paraíso vacacional cosmopolita, cuya oferta paisajística, cultural y gastronómica está estrechamente vinculada a la inmigración de habla alemana y las tradiciones centroeuropeas.
Hasta el final de la segunda guerra mundial su población fue casi exclusivamente de habla alemana, permaneció aislada de otras comunidades en su comportamiento marital, su lenguaje y su vida profesional y social. Posteriormente se evidencia una apertura hacia la sociedad argentina, principalmente a través del turismo. El objetivo no era lograr una réplica de Europa central, sino la comercialización de un producto, que respondía a las expectativas del público argentino. El resultado fue un artificio híbrido que suplantó muchas de las prácticas sociales tradicionales, la artesanía y la oferta gastronómica original. Muchos de los protagonistas locales pasaron a jugar un papel secundario. El negocio lo hicieron y lo hacen argentinos que no son naturales del pueblo, dispuestos a invertir y que en común acuerdo con el municipio son los que mejor entienden sobre la comercialización de las tradiciones locales y el sustrato étnico.
Esta presentación quiere esbozar algunos aspectos de este desarrollo y demostrarlo en base a material gráfico.