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La represión estructurada que desencadenó el gobierno conservador de Laureano Gómez (1950-1953) contra los ciudadanos liberales logró infundir un terror que se sufrió pasivamente en muchas zonas de Colombia; sin embargo, el terror no logró monopolizar toda la escena política. Con los actos recurrentes de violencia, la población vivía aterrorizada, y llegó a sentir la necesidad “del mito de la época, el mito guerrillero”.
Para contrarrestar ese cataclismo que estaba consumiendo a la población colombiana, hubo regiones donde se organizó la resistencia armada. Así se formaron núcleos armados de defensa que presentaban diferentes niveles: algunos grupos operaban en veredas y otros conformaban verdaderos ejércitos campesinos regionales, como fue el caso de las guerrillas de los Llanos orientales. En consecuencia, se debe tener presente que en Colombia las guerrillas de los años cincuenta surgen al principio como una forma de organización forzada para confrontar el terror y no como parte de un proyecto político-insurreccional para la toma del poder.
A través del análisis de la novela Viento seco de Daniel Caicedo se señala cómo en ese contexto de persecución y de pánico, la violencia aparece como mecanismo de autodefensa. La violencia brota ante todo, de la necesidad y del deseo connatural de seguir viviendo. Es así que los Llanos orientales llegan a convertirse en la alternativa más eficaz para la autodefensa de la violencia política colombiana de los años cincuenta del siglo XX.