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Se ha hablado mucho de la estrecha relación de la lengua con el poder político en Colombia, y del papel que, desde finales del siglo XIX, juega la corrección lingüística a la hora de crear sofisticados mecanismos de estratificación y exclusión social. En esta ponencia mostraremos como, en la década de los cuarenta del siglo XX, estos mecanismos se desplazan del terreno de la política al de la educación en lengua y humanidades, donde se concentra hasta hoy. Al examinar el papel que tuvo el Instituto Caro y Cuervo, desde su fundación en 1942, a la hora de consolidar agendas investigativas sobre la lengua española, mostraremos profundo impacto en la educación superior —el Seminario Andrés Bello, su unidad docente, ha formado a centenares de profesores universitarios de lengua y literatura. Analizaremos la manera como el Instituto contribuyó a preservar los usos ideológicos del bien decir por medio de su cercana relación con las autoridades filológicas de la España franquista, y segundo, su contribución a las prácticas de lo que por ahora llamaremos la escritura sofisticada del profesional actual en lengua y humanidades. Esto se producirá cuando la perspectiva filológica albergada en el Instituto lea y adopte el léxico del estructuralismo y del análisis del discurso, pero preservando las prescripciones del bien decir. Esto tuvo dos consecuencias: el uso del criterio de lo estético para aislar el estudio de la literatura de las otras disciplinas de las ciencias humanas, y el criterio positivista como estandarte imprescindible para la investigación lingüística.