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La guerra del Pacífico (1879) sumergió a la nación peruana en una gran crisis económica, política, social y moral. El trauma que generó ser derrotado por Chile, un país que se configuró a través de los discursos de la época, como una nación guerrera y varonil que había subyugado a la exangüe y feminizada nación peruana, promovió que los principales intelectuales de la época, como Clorinda Matto, Mercedes Cabello y Manuel González Prada, alzaran su voz de protesta reclamado una renovación literaria, que tuviera como principal objetivo convertir a la literatura en un vehículo que sirviera para guiar y aleccionar a la reconstrucción nacional del país. De este modo, los discursos literarios en boga, como el realismo y el naturalismo, fueron empleados para develar y mostrar los males sociales que impedían el progreso y la modernidad del Perú. No obstante, durante el proceso de adopción de estas corrientes literarias, surgieron ciertas ambivalencias y conflictos, principalmente con respecto al naturalismo, el cual fue construido y elevado como un objeto de miedo y “disgust”, debido a su lenguaje y estilo que amenazaba con contaminar a los lectores de la época, principalmente las mujeres, y destruir el carácter belletrista de la literatura. El naturalismo, entonces, se convertirá en signo de ilegitimidad, contaminación y asco, pero, así también, será una herramienta necesaria para mostrar los vicios sociales que impedían que la nación pueda alcanzar el tan anhelado sueño de la modernidad.