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En la Argentina del 2001, el cartonero se volvió un personaje emblemático. Su aparición repentina en el paisaje de la ciudad en crisis recordaba al obrero que el peronismo había traído desde el interior del país, sólo que ahora no se evocaba el trabajo sino la habilidad de quedarse con los desechos del consumo. Cierta narrativa, La villa (2001) de César Aira –como iniciadora de toda esa serie– recuperaba otras dimensiones de esta figura: el cooperativismo, el ingenio. En Bajo este sol tremendo (2009), Carlos Busqued hace foco en otra figura: la del acumulador, que convierte el interior burgués en aquello que el capitalismo global intenta ubicar y olvidar en los márgenes del planeta. La novela misma está construida como un basural discursivo, hecho de sedimentos temporales, un revoltijo de videos sobre comportamiento animal, pornografía y residuos de la dictadura militar. Algo similar ocurre en Imágenes de la basura (2008) una serie en la que los residuos ya no son objetos sino materiales. Vic Muñiz repite los tópicos de la vanguardia clásica: infundir “realidad” a la obra a partir de la incrustación de cosas encontradas, producir una intervención –sin mediaciones– en la vida de los sujetos, conectar la galería, el museo, el mercado del arte con su exterior con el basural. A partir de este brevísimo recorrido (Aira, Busqued, Muñiz) esta ponencia explora las retóricas, poéticas e intervenciones que moviliza lo residual en el nuevo milenio.