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A comienzos del siglo XX, una serie de diccionarios de argot delictivo publicados en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y otros países sudamericanos, daban cuenta del rico vocabulario usado por los “ladrones profesionales” para referirse al dinero. Muchas de esas palabras (plata, guita, mango, chirola, gamba, grana, luca) pasaron a ser términos habituales del habla popular. Otras no tanto: es el caso de “marengo”. El término era empleado por el escritor argentino Fray Mocho en las Memorias de un vigilante (1897), quien lo colocaba como una voz del “lunfardo”, la jerga de los ladrones de Buenos Aires. Marengo era una modalidad de dinero fácil, producto del robo al “otario”, es decir, la víctima ingenua de un tipo de estafa conocida como “cuento del tío”. Entre el último cuarto del siglo XIX y la primera mitad del XX, esta estafa circuló intensamente por el mundo atlántico: conocida también como “conto do vigário” en portugués, “confidence game” en inglés, “vol à l'américaine” en francés y “truffa all’americana” en italiano. Esta ponencia presenta dos hipótesis sobre el fenómeno del cuento del tío en las ciudades sudamericanas. En primer lugar, que su rápida dispersión territorial era un efecto de la circulación transnacional de estafadores que viajaban de ciudad en ciudad con los mismos guiones para embaucar. En segundo lugar, que su notable presencia en la literatura, el teatro y el cancionero urbano se debía a su capacidad de metaforizar las consecuencias negativas de la codicia y el afán de lucro desmedido en la cultura metropolitana.