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La primera década del siglo XXI trajo a Latinoamérica una serie de cambios significativos en el orden social, político y cultural. Aparece un nuevo grupo de realizadores audiovisuales que, partiendo de un análisis de sus respectivas regiones, cristalizan un conjunto de problemas de la realidad latinoamericana. Para el caso peruano, el cine de Claudia Llosa problematiza ese conjunto de relaciones sociales de dominación constituidas a partir de la conquista de América, momento de la historia donde el colonialismo demuestra ser más eficaz que el esclavismo, como bien explica Todorov. Filmes como La teta asustada (2005), además de vincular la memoria de las mujeres maltratadas durante la guerra de terrorismo del Perú, recrea elementos de la identidad andina, no como la tipificación tan socorrida por las tendencias realistas o románticas, sino los casos particulares, pues su perspectiva se sitúa desde ese otro realismo al cual no le interesan las generalizaciones ni los prototipos. Ya desde Madeinusa (2004), su ópera prima, la directora asumía una posición incómoda, cuestionando las hegemonías de control patriarcal, autoritarias y militaristas. Pero, ¿al asumir una estética rupturista como vehículo para mostrar la lucha indígena contra las secuelas sociales acarreadas por la dictadura, se rompería con la representación clásica de la identidad del continente? ¿Construye la directora, al representar el mundo indígena desde la perspectiva del mito, una crítica a la visibilización del mundo andino en la realidad latinoamericana?