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La movilidad urbana es un eje de los sistemas productivos y de calidad de vida en las metrópolis. El transporte público es un medio y un espacio de manifestación cotidiana del funcionamiento urbano, que genera externalidades asociadas a problemas complejos como segregación urbana, reducción de espacios de interacción y movilización, tiempos de recorrido complejos, hacinamiento y otros elementos que ocasionan una disminución de la calidad de vida de la ciudadanía y particularmente de las mujeres. En el mundo contemporáneo el transporte público está centrado en una estrategia de movimiento masivo, de alta concentración, que se orienta por un conjunto de actividades productivas dominantes, entre las cuales el diseño de los sistemas está determinado por un contenido masculino del empleo, del movimiento y de la seguridad urbanas. Las mujeres en estos espacios resultan subordinadas, entre otras cosas porque el tipo de viajes que realizan y sus necesidades no son iguales a las de los hombres. La literatura (Nava, 2015) nos enseña que sus tipos de viaje tienden a estar más asociados a múltiples propósitos (y viajes) a utilizar no sólo las rutas “troncales” o centrales, sino más bien a otras en donde la infraestructura y los servicios son de menor calidad y tienden a realizar viajes multipropósito más asociados a sus actividades relacionadas con el hogar, con la reproducción de la familia, con las tareas domésticas y con la división de trabajo sexual en los hogares. Esto las circunscribe a rutas más cortas y no privilegiadas por la política y los servicios públicos. Asimismo, en estudios recientes Alvarado (2015) ha mostrado cómo el transporte es un espacio en donde ocurren numerosos actos de agresiones y delitos, algunos asociados a las características del transporte (saturación, espacios reducidos, rutas “peligrosas”, ausencia de vigilancia policial o insuficiencia de la misma), lo que produce confrontaciones entre usuarios como también crea oportunidades para cometer ilícitos. Las mujeres son las más violentadas en este medio, ya sea porque la violencia sexual que actúa como una poderosa arma de dominación política y simbólica en los espacios públicos, que amenaza su integridad personal de y viola sus derechos humanos.