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La presente propuesta pretende revalorar lo que lograron los historiadores indígenas y mestizos en Nueva España, quienes trataron de los altepetl nahuas, antes y después de la incursión española. Fernando Alvarado Tezozómoc, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, y Domingo de San Antón Muñón Chimalpahin no solo han sido artífices y custodios de la memoria prehispánica, sino también resultaron ser conocedores de la geografía, la historia y la antigüedad de Europa. Si bien los estudiosos de hoy consideran como incongruente e irrelevante la pasión de los cronistas amerindios por las antigüedades europeas, ignoran el hecho de que, para estos, la inclusión de datos grecorromanos era parte de un diseño estratégico para afirmar la importancia de México en la historia mundial. Además de incorporar contenido clásico y cristiano, Tezozómoc, Ixtlilxóchitl y Chimalpahin emularon la forma de los modelos europeos en sus obras. Así, el estilo de las Relaciones de Chimalpahin no se deriva de la tradición indígena, como Susan Schroeder y otros editores han supuesto, sino de las Chronica de Isidoro, cuyo formato analístico se avenía mejor con el afán progresista del cronista mexicano de elevar y canonizar el idioma náhuatl como medio literario moderno. En definitiva, los historiadores indígenas intentaron reclamar un valor global para su historia local, tratando así de establecer un ‘archivo’ y una epistemología perdurables para los nahuas. Todo ello más de un siglo antes del intento de Eguira y Eguren de construir un archivo de la erudición criolla en la Bibliotheca Mexicana.