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Al igual que en diversos países de América Latina, en Chile la inmigración venezolana ha crecido con fuerza desde 2017. Este crecimiento devela importantes límites en el discurso político liberal, discurso que se mostró en un comienzo abierto a la migración ‘que favoreciera el desarrollo del país’ y de paso, permitió manifestar la postura contraria al régimen de Maduro. La implementación y ejecución en 2018 de medidas administrativas como fue la visa de responsabilidad democrática, la incorporación de nuevos antecedentes necesarios de presentar para aplicar a la visa, la disminución en el número de solicitudes de refugio, así como la distancia entre las solicitudes de visa de responsabilidad democrática y las efectivamente entregadas, son claros indicios de que el discurso de bienvenida corre en paralelo con una serie de disposiciones que buscan fortalecer mecanismos de selectividad migratoria, reducir el número de ingresos y dificultar los procesos de inserción laboral y social de estos grupos. Esta dualidad no responde a la presencia de posturas contradictorias. Se trata más bien de una lógica funcional entre el sistema político y las demandas de un mercado laboral en crecimiento y desarrollo. Esta dualidad funcional permite entonces mantener un discurso de control hacia la migración--altamente valorado por el electorado--e introducir simultáneamente mecanismos que permiten mantener a migrantes en condiciones de vulnerabilidad y precariedad, que el mercado laboral cada vez más flexible, sabe aprovechar extremadamente bien. En esta ponencia se busca analizar la relación y funcionalidad de ambos discursos para el caso específico de venezolanos en Chile.