Search Tips
Virtual Exhibit Hall
En su poemario Lo terciario (2018), Raquel Salas Rivera señala el capitalismo cómo responsable del sufrimiento de sujetos marginados. Específicamente, aborda la perspectiva de las subjetividades no-binarias en relación con las poblaciones colonizadas según la experiencia puertorriqueña. Es un proyecto simultáneamente poético y político, porque se apropia de frases de la traducción en español de El Capital de Karl Marx. La poeta reconoce que el valor de la producción es dado por un tercer elemento, que es el trabajo –y que paradójicamente es el menos valorado. El trabajador es un sujeto oprimido, explotado y condenado a un lugar marginal en la sociedad. De la misma manera, el tercer mundo es lo que da valor al primero y al segundo; la parte más despreciada y explotada de la sociedad es la misma que puede garantizar a la otra parte una vida de lujo y su misma definición identitaria. Análogamente, el elemento trans desestabiliza una sociedad binaria y heteronormativa y se propone como tercer elemento gracias al cual las mismas normas de conducta sexual pueden ser establecidas. Mi lectura de la poesía queer de Salas Rivera, además, está informada por las teorías de género de Judith Butler y la biopolítica de Roberto Esposito. Lo terciario apunta a un espacio que no está predispuesto por la literatura y tiene que por tanto auto-expropiarse, evocando esas voces perdidas y creando una cultura de debate y disensión contra y dentro de los paradigmas del Capitalismo, centrados en la intolerancia y la conformidad.