Search Tips
Virtual Exhibit Hall
En “Música de Feitiçaria no Brasil” (1933), Mário de Andrade corroboraba la importancia de entretejer investigación empírica a una reflexión sobre procedimientos estéticos y la cultura nacional. Demostrando especial interés por las músicas de hechicería, discutía cómo los ritmos libres vivenciados durante los rituales animaban una repetición infinita. Además de incidir en las categorías de “lo bueno” y “lo bello”, obras como el Punto de Ogum conducían un sonido que, para ser ejecutado, demandaba recomenzar, incesantemente, tanto lo melódico como lo rítmico. Característico de una sonoridad popular diseminada en el país, el procedimiento era metáfora del poder de una música que, a pesar de no referirse a lo intelectual y de contar con una capacidad sugestiva y misteriosa, se percibía con el cuerpo. ¿Qué provocaba pensar “la cultura nacional” desde los valores de una música que amenazaba el sentido común y fracturaba un “ser” estático de las cosas? ¿cómo lo disruptivo de la polirritmia contribuía a traspasar los límites de lo que se podía experimentar y decir? Recorriendo algunos puntos claves de su proyecto intelectual y, particularmente, las amplias libertades de composición fomentadas por el lenguaje musical, discutiremos la apuesta estético-política de Andrade y su convicción en una fuerza de lo asistemático. Convirtiendo lo sonoro, lo literario y lo cultural en objeto de una profunda especulación teórico-práctica, discutiremos las intensidades y contradicciones de su perspectiva polémica y su disposición a incidir en lo normativo y en el discurso de la generalidad al considerer las diferencias protagonizadas por los sectores populares/negros.