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En 1905 José María Velasco (1840-1912), el más conocido paisajista académico decimonónico en México, pintó diez lienzos en los que representaba las distintas etapas geológicas de la Tierra para el edificio del Instituto Geológico Nacional, en la Ciudad de México. Esta fue la primera visualización de las eras geológicas llevada a cabo en el país. Para hacer la serie de pinturas, que representan desde el Devónico hasta el Cuaternario (con la aparición de grupos humanos) el artista hechó mano de las iconografías de la época, como las composiciones del austriaco Josef Hoffmann, relativas al mismo tema, que realizó para el Museo de Historia Natural de Viena (c. 1885).
La elaboración del imaginario visual del tiempo geológico fue central para hacer perceptible, en distintos ámbitos sociales, el “tiempo profundo” de la Tierra; esto trastornó un conjunto amplio de nociones antropológicas de larga data, al igual que implicó la necesidad de una nueva narrativa de la evolución humana. Por otro lado, la visualización coherente de esta temporalidad abonó a la demarcación y legitimación de la geología para instituirse como una ciencia autónoma. Por estas razones, este episodio, que muestra la colaboración del paisajista José María Velasco y los científicos de su época, es indispensable para examinar a fondo las implicaciones de la visualidad geológica para las pautas del arte y la ciencia, en el contexto de la formación de una cultura moderna decimonónica, producida en el circuito global.